Desde 2005 he escrito en seis ocasiones columnas sobre el mercado del trabajo. Porque pocos temas son más relevantes y porque los problemas de este mercado y las políticas para resolverlos son ampliamente (y desde hace mucho tiempo) conocidos.
Hoy el INE entregó las cifras para el primer mes del año: 580 mil desocupados (8% de los que participan en el mercado laboral). Esto es 65 mil personas más que en igual periodo del año pasado (y casi 300 mil personas adicionales sin ingreso, si consideramos que el hogar promedio tiene más de 4 integrantes en los deciles más pobres). Pero es sólo el comienzo, porque si algo sabemos, es que con la crisis el desempleo aumentará.
Y como una imagen vale más que muchas palabras, vea la figura siguiente (con datos de desempleo para el Gran Santiago desde enero 1993 hasta enero 2009). Esta ilustra las tres preguntas principales que debemos responder sobre nuestro mercado laboral: (1) por qué aumentó tanto el desempleo con la crisis asiática (o por qué aumenta tanto el desempleo durante las crisis), (2) por qué tardó tanto en volver a su nivel de largo plazo, y (3) por qué este nivel es hoy dos puntos porcentuales más alto que en 1998 (pre crisis asiática). Además, un defecto de larga data: nuestra tasa de participación femenina es una de las más bajas entre países con ingreso similar, superando apenas el 41%.
Las encuestas de empleo de la Universidad de Chile y del INE reportan, por razones metodológicas, tasas de desempleo distintas durante las crisis. Con el aumento de los trabajos informales, la Chile registra un incremento mayor en el desempleo que el INE. Por ejemplo, cuando comenzó la crisis asiática, y partiendo desde una tasa cercana a 6%, el INE reportó un 12% de desempleo para la región metropolitana en 1999; la medición de la Chile superó el 15%. Irónicamente, recién este año, cuando comienza una nueva crisis, ambas encuestas volvieron a igualarse, pero en torno a 8%. Esto sugiere que el mercado laboral tardó una década en estabilizarse, y lo hizo casi 200 mil desempleados sobre el nivel pre-crisis asiática. Y desde septiembre pasado, la separación entre ambas mediciones reapareció. Con todo, si desde 1998 el empleo hubiese mantenido su contribución histórica, Chile habría crecido cada año 1,6 puntos porcentuales más.
La solución a estos problemas exige medidas estructurales. En particular, se debe proteger el ingreso laboral, pero sin impedir el necesario flujo de trabajadores entre empresas. Así, se combina flexibilidad laboral y al mismo tiempo se protege el consumo. También debemos facilitar el empleo a tiempo parcial para permitir la incorporación permanente de más mujeres y jóvenes al mercado laboral. Pero el principal instrumento de política actual - las indemnizaciones por años de servicio - no permite esta movilidad. Tampoco protege a los actuales trabajadores, pues sólo 6% de los que deberían recibirlo lo hacen. Es el seguro de cesantía lo que debe ser potenciado, tarea que ha sido parcialmente asumida durante los últimos meses. Con respecto a la reducción de las indemnizaciones, el vocero todavía no se pronuncia.






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